Tracey Adams nació el 6 de febrero de 1958 en Mineápolis, Minnesota. Desde muy joven mostró interés por el arte y la interpretación, lo que la llevó a estudiar teatro en la universidad. Sin embargo, su vida dio un giro inesperado cuando, a principios de los años ochenta, conoció a personas vinculadas a la industria del cine para adultos. Decidida a explorar su sexualidad y su carrera actoral, se mudó a California y comenzó a trabajar en películas eróticas. Su primera escena fue en 1984, bajo la dirección de productores independientes que buscaban actrices con presencia escénica y carisma natural. En sus inicios, Adams combinaba su trabajo en el cine para adultos con pequeños papeles en producciones convencionales, pero pronto se dio cuenta de que su verdadero potencial estaba en la industria del entretenimiento adulto.
A mediados de la década de 1980, Tracey Adams ya era un nombre reconocido en el mundo del porno. Su físico atlético, su cabello rubio y su actitud profesional la convirtieron en una de las actrices más solicitadas. Durante este período, trabajó con estudios emblemáticos como VCA, Caballero Home Video y Elegant Angel. Grabó más de 200 películas, muchas de las cuales fueron dirigidas por nombres influyentes como John Leslie y Gregory Dark. Su capacidad para adaptarse a diferentes géneros —desde el drama erótico hasta la comedia picante— la hizo destacar. En 1985, recibió su primera nominación a los Premios AVN, un reconocimiento que para entonces ya era un sello de calidad en la industria. Sin embargo, Adams siempre mantuvo una postura crítica frente a la forma en que se trataba a las actrices, y abogó por mejores condiciones laborales y salarios justos.
Con la llegada de los años noventa, la industria del cine para adultos experimentó una transformación radical debido a la crisis del sida y la llegada del video doméstico. Tracey Adams decidió reducir su ritmo de trabajo y enfocarse en proyectos más selectivos. En 1992, actuó en la película "The Chameleon", que recibió críticas mixtas pero que mostró su habilidad para interpretar personajes complejos. Durante esta época, también incursionó en la dirección y la producción, aunque sin demasiado éxito comercial. Paralelamente, comenzó a trabajar como bailarina erótica en clubes nocturnos de Las Vegas y Los Ángeles, una actividad que le permitió mantener su independencia económica. Adams ha contado en entrevistas que esta etapa fue emocionalmente difícil, ya que sintió que la industria empezaba a marginar a las actrices mayores de 30 años. Aun así, se mantuvo activa hasta mediados de los noventa, grabando sus últimas escenas en 1996.
Tras retirarse del cine para adultos, Tracey Adams intentó alejarse del foco público durante varios años. Se mudó a una pequeña ciudad en el medio oeste de Estados Unidos, donde trabajó en empleos convencionales, como recepcionista en un consultorio dental. En 2010, reapareció en convenciones de la industria, como el AVN Adult Entertainment Expo, donde firmó autógrafos y participó en paneles sobre la historia del porno. En esas charlas, relató sus experiencias como mujer en un negocio dominado por hombres, y destacó la importancia de la educación sexual y el consentimiento. Aunque nunca quiso volver a actuar, aceptó aparecer en documentales sobre la época dorada del cine adulto. Su testimonio ha sido utilizado por investigadores académicos para analizar la evolución de las carreras de las actrices. Actualmente, Tracey Adams reside en California y mantiene un perfil bajo, aunque ocasionalmente concede entrevistas a medios especializados. Su legado sigue siendo objeto de estudio entre historiadores del entretenimiento para adultos, y su nombre aparece en listas de las intérpretes más influyentes de los años ochenta.